miércoles, 27 de marzo de 2013

SEMANA SANTA



Llevamos mas de un año prisionero del asfalto. Necesitamos levantar la ciudad y extendernos por el verde, errar bajo los pinos, hundir los pies descalzos en la tierra, trepar por el aire, llenarnos de  raíces y resina, oler las  flores diminutas al lado del camino, estas flores sin nombre ni apellido.

Formamos una caravana de dos coches y trece individuos: cuatro mujeres, nueve perros, de todas las edades, status y colores. Desde los mas ancianos, los conquistadores, la gruñona, la hembra lesionada, hasta el bombón azabache de un par de meses. 

Andamos en ascendente, acariciando los árboles heridos, oliendo los pétalos perdidos, enhebrando los hilos del follaje. Olmos, encinas, nogales, lianas enredadas. En cada recodo que cruzamos. buscamos las huellas transparentes, explorando el suelo y sus tesoros.


En  sus hazañas una de las perras se ha vestido de estiércol, su manto apesta, por una vez no ha sido la prodigiosa Tecla. Otros arrastran ramas caidas, gigantes como vigas de madera, sus rabos en alto, despiertos,se reparten por todas las esquinas de la tumultuosa maleza, se sumergen en la fuente del presente, abiertos a lo nuevo, jadean, acechan, levantan la alfombra verde y sacan de su hogar a abundantes insectos. No quieren mas, están felices y contentos con el paseo.

Todo, absolutamente todo alrededor rezuma vida, paisaje, arboles, colinas, infinito. Briznas de hierba retoñan entre las grietas de las piedras grises. Yo busco a mi hija muerta, aquí, en el rostro hermoso de la tierra, nace el delirio ancestral de volver a verla, de tanto que pude decirle y no le dije, de tantos abrazos que quedaron pendientes. Viene conmigo la tristeza, me acompaña siempre, mi segunda casa es su ausencia.
Xaloc anda a mi lado, pegado a mi rodilla, levanta su hocico y roza mi mano con dulzura. Desde lejos Sólid que va y viene, cierra el paso y se golpea en mis piernas, su mirada ancha y sincera reconoce mi ánimo abatido. Sonrío cuando Tecla aparece de en medio de la nada, se acerca trotando y hunde su cuerpo entre mis dedos.  Incluso los demás perros parecen alerta. Es incuestionable el poder terapéutico que ejercen.


La primavera nos mece en sus brazos. Llena con su voz la luz del cielo. A cada paso sobreviene su fuerza poderosa, nos recorre, nos invade, nos besa en sus labios tiernos.


Hambrientos, cansados, sedientos, sudorosos, palpitantes de gozo, llegamos a la cima. Ha sido duro pero vencemos.